Así lo siento en verdad: quiero rendirme plena y absolutamente. Primero trato de rendirme ante mi propia y supina ignorancia. Deseo rendirme por supuesto a Aquello que me sobrepasa, rendirme a Su Plan que desconozco, pero al que quiero ser útil. Quiero rendirme ante mis hermanos, pedir perdón por las veces que no estuve a la altura, que pude ser causa de dolor y sufrimiento ajeno. Deseo rendirme por todas las veces que dispare mi puño hacia los cielos, echando así balones fuera, eximiéndome de esa manera de mi compromiso de ser activo constructor de una nueva y esperanzada realidad. Yo sólo quiero ser insurgente ante mí y lo digo de corazón, porque observo lo que aún me falta por ser verdaderamente útil a la Comunión de las Grandes Almas. Soy un ignorante, pero me apasiona la historia, en particular la historia de la insurgencia, pues yo fui durante mucho tiempo un insurgente de manual. He visto pasear a las banderas rojas y rojinegras por multitud de avenidas. He estudiado con detenimiento todas las revoluciones, me he detenido en todos sus flagrantes fracasos. La exclusiva razón era que no nos rebelábamos ante nosotros mismos, sólo ante los demás. Estamos desmontando las barricadas que pusimos en cruces equivocados. Desde que deje de ser insurgente, camino más despacio, lleno más mis pulmones, sobre todo mi Espíritu de sincero agradecimiento. Soy más feliz. No, ya no soy insurgente. Construyo una cabaña de madera en un bosque donde aplaco mi insurgencia. Mis manos clavan maderas, no tiran piedras, mis labios cantan a la gloria de Dios, no denuncian. Más pronto que tarde alcancemos la rendición absoluta, logremos devenir genuinos y fieles servidores de lo Alto. ¡Así sea! Artaza 30 de abril de 2026 www.velouriz.org |
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